martes, 2 de mayo de 2023

LA MUJER EN EL FESTIVAL DE CINE AFRICANO DE TARIFA-TÁNGER

 



1 de mayo de 2023

               La tarde de hoy ha traído dos películas que coinciden en varios puntos: pertenecen ambas a la sección que conmemora el vigésimo aniversario del FCAT “Es al final de la vieja cuerda que se teje la nueva”, de la que ya hemos hablado en algún artículo anterior; a pesar de haber sido dirigidas por hombres, se centran en la problemática de la mujer; en ambas subyace la lacra de la prostitución como telón de fondo; y las dos fueron rodadas el mismo año, concretamente, 2012. Se diferencian, eso sí, en los países de producción, pues la primera en proyectarse ha sido la guineana Morbayassa, de Cheick Fantamady Camara, tristemente fallecido en Francia a la edad de 56 años, y la segunda, la mozambiqueña Virgem Margarida, de Licínio Azevedo.

 


              Así pues, nos situamos ya en Morbayassa y observamos dos cosas que ya pudimos apreciar en su anterior filme Il va pleuvoir sur Conakry, ‘lloverá sobre Conakry’, (2007). La primera es que las escenas se alargan de un modo al que el espectador o, al menos, el espectador que redacta estas líneas, no está acostumbrado, dado que Camara ofrece mucha información ellas. Es algo parecido al inicio de las obras de teatros convencionales cuando los actores dicen cosas que no son necesario decir en la vida real, pero que sirven para poner al espectador en contexto. Nadie que esté hablando con un amigo, dice, por ejemplo, “Hoy quince de septiembre de 1834 en Londres”, pero es una información que viene muy bien a quienes están sentados en las butacas, y una cosa así se observa en las escenas de Morbayassa, sobre todo en la primera mitad del filme. La segunda característica que me parece observar en esta cinta del director guineano que estamos considerando es que existe una cierta desconexión de las escenas entre sí, en el sentido que no hay nada al final de una escena que permita inferir lo que va a suceder en la siguiente. Y estas dos características que acabamos de mencionar no hacen ni mejor ni peor la filmografía de Cheick Fantamady Camara, sino que se trata tan solo de unas señas de identidad perfectamente respetables.

               El argumento de Morbayassa describe las vicisitudes de una sensual mujer guineana obligada a prostituirse en Dakar, lo cual incide directamente en una de las principales lacras sociales del continente situado en el sur de Europa: el tráfico humano. Corrupción y extorsiones, ante la inoperancia de la ONU, son otras de las dinámicas degradantes denunciadas nítidamente en este filme. Y poco a poco vamos sabiendo que esta mujer tuvo una hija a los diecisiete años, que es la edad de su hija en ese momento, a quien abandonó en la puerta de un dispensario al nacer y fue adoptada por una familia francesa que vive en París.

               Por ello, media película, más o menos, transcurre en Dakar y la otra en París, lo que significa una tristemente sarcástica evocación de famoso rally. Y es muy curioso que la principal protagonista, soberbiamente interpretada por Fatoumata Diawara, se hace llamar mediante un nombre europeo en África, concretamente, Bella, y por un nombre africano, que es el suyo verdadero, en Europa, concretamente, Koumba.

               Resulta obvio que la mujer es el eje de este largometraje, pero hay en él toda una reflexión acerca de la difícil, por no decir imposible, comprensión mutua entre las culturas africana y europea. Hay una frase, por ejemplo, bastante cristalina, cuando el padre adoptivo de Vanessa, la hija de Bella/Koumba, que es un enamorado de África, pero rechaza la idea de que su hija regrese con la madre biológica, afirma para justificar su actitud, cito de memoria: “Una cosa es África y otra, los africanos”. Un comentario en pantalla que provocó la carcajada del público en la sala.

               Señalar por último que morbayassa es el baile mediante el que Bella/Koumba piensa agradecer el regreso de su hija, si lo consigue.


               La segunda película de la tarde fue Virgem Margarida, de 2012, según hemos comentado más arriba, y de Licínio Azevedo, director brasileño afincado en Mozambique, producida por Pedro Pimenta, que fue el encargado de presentar esta película de su elección en el FCAT.

De alguna manera, Virgem Margarida constituye junto con A costa dos murmurios, ‘la costa de los susurros’ (2004), de Margarida Cardoso, el binomio por excelencia de películas inspiradas por la independencia de Mozambique, si bien en este caso, quizá por tratarse de una producción portuguesa, se basa en los epígonos de la colonia, mientras que Virgem Margarida se desarrolla durante el primer año de vida del país independiente.

Nos situamos, pues, en Virgem Margarida, y ya desde el comienzo se nos informa que está basada en hechos reales acaecidos en Mozambique en 1975. Debemos recordar, por lo tanto, que, sin entrar en los pormenores de la guerra civil que se desencadenó en ese momento, la independencia de Mozambique colocó en el poder a Samora Moises Machella, del Frente de Liberación Mozambiqueño (Frelimo), sustentado por la Unión Soviética y Cuba, por lo que cabe inferir una fuerte orientación dialéctica de la cosa pública, y es que, ¡qué difícil resulta a los países africanos caminar por sí mismos! Cuando no les salen mentores de un tipo, le aparecen de otro.


En ese contexto, las autoridades mozambiqueñas decidieron reeducar a lo que ellas denominaron con eufemismo colectivista, “camaradas de mala vida”, es decir, las putas de la capital, y para ello organizaron redadas nocturnas para arrestar prostitutas, cantantes, bailarinas y, ya de paso, a toda aquella mujer que se hallara indocumentada en las calles de Maputo, como le sucede a Margarida, que da nombre al filme, que es una adolescente virgen de dieciséis años, que habita en un medio rural, prometida en matrimonio a su hijo y que había a la capital para comprar el ajuar.

 


El caso es que esas mujeres son literalmente secuestradas, ignorando por completo sus circunstancias personales, y son metidas en camiones y autobuses para, tras un viaje de varios días, llegar a la selva donde, digamos, se ha constituido un Centro de Reeducación, al mando de la comandante, fuertemente ideologizada a pesar de su juventud, Maria Joao. En ese viaje se ven carteles en la carretera que indican el paso por Xai-Xai o el río Save.

La idea última el limpiar las mentes de basura reaccionaria de esas mujeres, lo cual implica necesariamente, un lavado de cerebro, para convertirlas en mujeres nuevas, sin un miligramo de neuronas reaccionarias o colonialistas.

La película, entonces, más que construir una trama en sí, nos va mostrando, las diferentes fases de esa reeducación, como levantar una, digamos, ciudad en medio de la selva, construir una carretera en idéntico contexto, además de recibir instrucción militar y todo tipo de sandeces por el estilo. Sometidas a todo tipo de privaciones alimentarias o higiénicas: algo tan sencillo como poseer una pastilla jabón hace merecedora a una de estas mujeres de pasar un día entero con su noche metida en un bidón de agua hasta el cuello.


Efectivamente, eso sucedió en la vida real en Mozambique en 1975, y mucho peor fue lo de Camboya también por aquella época, donde los jemeres rojos de Pol Pot despoblaron las ciudades para construir una especie de utopía rural, un proceso durante el cual exterminaron a una cuarta parte de la población en tan solo tres años, dado que los meros hechos de tener marcas de gafas en la parte superior de la nariz o las manos sin callos, te convertían en intelectual y, por ello, reo de muerte, tras someterte a varios meses de atroces tormentos.

En cuanto a la cinta que nos ocupa, constituye Virgem Margarida un largometraje coral femenino, donde destacan cuatro de ellas, la ya mencionada Margarida, así como Susana, Lucía y Rosa, que se considera a sí misma una puta de tercera y es la más levantisca de todas, lo que le vale, entre otros, el sin duda pedagógico castigo de ser enterrada hasta el cuello. Otro castigo colectivo consiste en atarlas en aspa al suelo y obligarlas a mirar al sol, perfectamente uniformadas, eso sí.

De manera que, la mujer en África, concretamente en Guinea Conakry y en Mozambique, como botones de muestra del tormento social a que son sometidas las personas del sexo femenino en el continente vecino.

Francisco Javier Rodríguez Barranco


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