jueves, 2 de mayo de 2019

UNA MAÑANA EN EL FESTIVAL




Tarifa, 2 de mayo de 2019

                El día de hoy ha traído a Festival de Cine Africano de Tarifa la segunda y última de las jornadas denominadas “El árbol de las palabras”, celebradas en el Casino Tinerfeño, y dedicadas a analizar el cine del continente vecino desde diferentes puntos de vista.


                Los temas tratados hoy han sido:
a)      Contextualización: la distribución comercial de los “cines periféricos”: África a la conquista de públicos fuera del continente.
b)      El acceso de las obras cinematográficas africanas y de la diáspora a los mercados occidentales: Europa y EEUU.
c)       La difusión cinematográfica a través de plataformas digitales VOD (Video On Demand).
Y, bueno, uno es de los que piensan que el futuro del cine está precisamente en los así denominados por el profesor Alberto Elena, triste y recientemente desaparecido, los “cines periféricos”, rebosantes de actitudes y aptitudes.

La sorpresa de la mañana ha llegado cuando he sabido que se proyectaba para el jurado, con acceso a la prensa la película Le loup d’or de Balolé (2019), de Chloé Aïcha Boro, película de Burkina Faso, que ayer se comentó en los “Aperitivos de cine”. Puede así comprobarse las líneas maestras expuestas por la directora en el coloquio. Homo lupis homini, el famos aserto de Hobbes, que todavía hoy sigue plenamente vigente, sobre todo en ese inmenso continente devastado social y personalmente para mayor gloria del hombre europeo y que llamamos África. En el filme de Aïcha no se buscan culpables, causas ni una exposición racional del problema, sino mostrar lo que hay. La cámara se convierte así en una prolongación del ojo humano y el documental no se cierra ni con esperanza ni con desesperación. La película finaliza mostrando lo que hay.


  En la sección “Aperitivos de cine”, hemos tenido la oportunidad de debatir con Napo Joseph Kebele, actriz protagonista de Mother, I am suffocating. This is my last film about you (2019), de Lemohang Jeremiah Mosese.
He aquí la sinopsis, de una película donde la madre es una materialización de la patria y rodada dentro de lo que podemos denominar cine experimental con un lenguaje fílmico singular:

“Una mujer portando una cruz de madera a la espalda cruza los terrenos baldíos y las pobladas calles de un país africano. La siguen vendedores ambulantes, pedigüeños, transeúntes, voces indignadas, personas compasivas y otras curiosas. Al mismo tiempo, un cordero abandona un rebaño en una lejana montaña y se abre camino hasta el centro de la ciudad para acabar, desollado y sin cabeza, en el hombro de un carnicero. En otro lugar, una mujer teje una prenda en una casa sin tejado, tirando del hilo de lana enrollado alrededor del rostro de su hijo. La película es un recorrido sociopolítico y simbólico que engloba la religión, la identidad y la memoria colectiva.”
Nacida hombre, Napo nos ha contado la satisfacción que le produce poder pasear tranquilamente por un país como España, lejos de las rigideces sociales de su país, Lesoto. Y nos ha explicado también que en su país, de tan sólo dos millones de habitantes no hay cines, por lo que afortunadamente los diferentes festivales por los que circule este original filme será el recorrido que conozca en la gran pantalla.

El segundo de los intervinientes en los “Aperitivos” ha sido el veterano y carismático actor tunecino Mohamed Dhrif, en el papel de padre, para charlar sobre el largometraje Weldi (2018), que puede traducirse por ‘Hijo mío’, de Mohamed Ben Attia, que se dio a conocer mundialmente en 2016 con Hedi.
Basada en una historia real, Hijo mío puede sintetizarse de esta manera:
“Riadh está a punto de jubilarse como operario de carretilla elevadora en el puerto de Túnez. Él y su esposa Nazli viven para Sami, el único hijo de ambos, que está a punto de acabar el instituto. Las migrañas habituales del adolescente preocupan a los padres. Cuando parece estar mejorando, desaparece de golpe…”
Y hasta ahí podemos leer, puesto que ésa es la sinopsis oficial, pero no nos resistimos a apuntar que esta película se centra en la radicalización de los jóvenes por la yihad. Una vez Ben Attia analiza la realidad más candente de su país y se vale para ello de un mismo recurso: cómo afectan esas situaciones a la familia y la persona .
Por fin, la tercera interviniente ha sido Maha Alemi, protagonista del filme Sofía (2018), de Meryem Benm Mayek.

Basado también en un hecho real, conocido además directamente por la directora, este filme nos enfrenta a la desigualdad entre sexos en Marruecos, una país donde ser madre soltera es sinónimo de todo tipo de problemas.
He aquí la sinopsis:
“Casablanca. Mientras come con su familia, Sofía es presa de terribles dolores de estómago. Su prima Lena, estudiante de medicina, la examina. De pronto, rompe aguas, pero Sofía niega estar embarazada. Lena le dice al resto de la familia que Sofía ha comido demasiado y que debe llevarla a la farmacia para poder ingresarla en el hospital. Y ahora, las dos primas, que no tienen nada en común, se lanzan desesperadamente en busca del padre para convencerle de que reconozca al bebé.”
De manera que Burkina Faso, Lesoto, Túnez y Marruecos en una mañana de Festival, que continúa esta tarde internándose por la filmografía más reciente de África. Cabo Verde, Sudáfrica y Ruanda, entre otros países, nos esperan en los diferentes espacios de proyección. Ya veremos a lo que somos capaces de asistir.

Francisco Javier Rodríguez Barranco

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