jueves, 8 de diciembre de 2016

CANCIONES EN EL REPECHO DE LA VIDA EN "MASCULINO SINGULAR", de LOLA CLAVERO



           ¿Masculino singular? ¿Lola Clavero? ¿268 páginas? Pero, ¿qué se ha creído esta impertinente chiquilla? ¿Que se pueden escribir casi trescientas páginas sobre los hombres? ¿Una mujer? ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¿Qué será lo siguiente? ¿Ver un cocinero explicando recetas en la tele? ¿Que la Selección Nacional de Baloncesto Femenino llegue a la Final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro? Por favor. Porque, vamos a ver, amables personas que leéis estas líneas, que la narrativa femenina ha discurrido siempre sobre personajes femeninos. ¿Quiénes son las protagonistas de Carmen Martín Gaite, Soledad Puértolas, Rosa Montero, etcétera, etcétera, etcétera? Mujeres, ¿verdad? Pues por algo será. Cada mochuelo a su olivo, ¿o no? Claro que no debe hacerlo tan mal Lola Clavero, ahora que lo pienso, cuando gran parte de los relatos contenidos en su libro Masculino singular han sido galardonados o han sido finalistas en algunos de los más prestigiosos concursos literarios en lengua española. 

            Desde un punto de vista meramente formal, Masculino singular se compone de seis secciones con un total de veinticinco relatos hasta alcanzar las 268 páginas que mencionábamos más arriba todo ello para penetrar refinadamente en el alma de este ser vivo que deambula por el globo terráqueo como un fantasmón desubicado. Porque si uno va a Etiopía, lo que se encuentra son los restos óseos del primer homínido conocido, que casualmente es una mujer, con o sin diamantes, y esto debe tener alguna explicación racional, puesto que si el pasado es mujer y el futuro también, según mantenía Marco Ferreri en su película de 1984, con una inconmensurable Hanna Schygulla, ¿qué nos queda? Ya lo decíamos antes: una colección de muñecos de trapo desorientados en el presente. 

            Para ello, Clavero nos enfrenta a una galería de personajes, que van desde un decadente Octavio Augusto a un actor porno, de un cura pillín pillín a un escritor rural, dentro, a mi entender, de dos coordenadas básicas, como los dos grandes ejes de la geometría euclidiana: el parapeto de la vida y las semblanzas.

            Abordemos el primero de ellos, dado que lo que en este libro nos encontramos, aunque quizá no tan claro en los dos primeros de los contenidos en esa obra, es decir, “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” y “Gemelos”, en los que predominan los pasajes factuales, son personajes que se asoman al vértigo de la vida desde una posición marcadamente contemplativa, como si de ese cúmulo de reflexiones aspiraran a encontrar alguna explicación convincente a su encrucijada. Muy evidente se nos antoja en el cuento titulado “De bar en peor”, donde el poeta protagonista medita lo siguiente, ante la evidente desatención con que le honran las tías buenas de los antros: “los poetas están solos, como tienen que estar, mirando la vida alrededor, marginados, incomprendidos”.

Recordamos el mítico disco de Stevie Wonder, ¿verdad? Songs In the Key of Life, Canciones en la llave de la vida, si lo traducimos literalmente a la lengua de Cervantes, o ‘al inicio de la vida’ podría ser también una traducción aceptable. Bueno, pues el planteamiento de los relatos de Clavero es bastante subversivo a ese respecto, puesto que lo que esta escritora nos ofrece es un desfile de actitudes por nacer. Sujetos en fase larvaria dentro de su desarrollo personal. Espíritus atónitos. Inéditos.

           Nos hallamos, pues, ante un yo testigo de su circunstancia y descubrimos, por ello, el conocido planteamiento orteguiano reforzado con argumentos propios de este filósofo. ¡Cuánto hay de El espectador en Masculino singular! Humanoides ateridos agazapados tras sus recuerdos como estrategia única en su manifiesta impotencia.

            Pero no hay rebelión en estos personajes, ni individual ni colectiva, descartando así otra de las conocidas obras del filósofo recién aludido. Apenas observación. Probablemente curiosidad. “El hombre inconcluso”, sin ir más lejos, Primer premio del XVIII Certamen Internacional de Relatos convocado por la Fundación “Gaceta de Salamanca” (2013), refleja con total agudeza, pero sin dramatismo, más bien todo lo contario, con aceptación plena de causa, las tribulaciones de un escritor quien considera que las personas como él “nacemos para huir. Eso no nos hace mejores ni peores; somos así”. 

            El caso del arriba mencionado Octavio Augusto va un paso más allá habida cuenta de que la evocación de los acontecimientos que rodearon su envenenamiento se produce desde un momento post mortem cuando el primer emperador era todavía un moriturus. Y es ésta la semblanza más trágica, pero lo característico de este conjunto de relatos es que cuando el sujeto analizado decide avanzar desde su zozobra mental al mundo de las relaciones humanas, es decir, cuando acomete el desafío ontológico de pasar de objeto a sujeto los finales se desencadenan de manera totalmente inesperada y que, por lo tanto, no voy yo a desvelar en estas líneas.

            Y mencionamos un par de párrafos más arriba que el segundo gran eje desde el que nos podemos acercar a Masculino singular es el de las semblanzas, semblanzas de vida, en definitiva, porque los cuentos que Clavero nos ofrece no son episodios mínimos o meramente concretos, como pudiera ser, por ejemplo, gran parte de la narrativa de Cortázar. Recordemos, entre otros muchos, por ejemplo, “No culpen a nadie”, donde toda la narración trata sólo de una persona que se pone un pullover, un jersey de cuello alto, vaya, o “La ovación”, que consiste exactamente en eso: en un momento de éxtasis colectivo. Sin embargo, lo que la escritora malagueña nos ofrece son las vidas concentradas de los personajes, lo cual, con arreglo a mi personal punto de vista, me parece una apuesta arriesgada sobre una de las dos grandes posibilidades que permite la cuentística, que ha de optar entre lo sincrónico, como en el caso de Cortázar, quizá también el mío, con la natural modestia que me caracteriza, por supuesto, o lo diacrónico, según prefiere Clavero y acomete, además, con gran maestría.

            La picaresca sacerdotal, que mencionábamos también más arriba y se describe en “Una experiencia religiosa”, contiene toda una sucesión de experiencias personales que arranca con las monjas clarisas de Ávila, pasa por la guardia civil de tráfico en Almagro y desemboca donde yo no debo desvelar: un auténtico rosario, aprovechando el contexto eclesiástico, de etapas vitales. Todo lo cual me parece un buen compendio del libro que estamos considerando, donde los protagonistas se asoman a su propia vida, en particular, o a la vida, en general, como si observaran el humano devenir tras un parapeto existencial: el parapeto de sus propios pensamientos.

Francisco Javier Rodríguez Barranco


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