sábado, 11 de julio de 2015

POEMAS SELECTOS DE FRANCISCO MUÑOZ SOLER




Cabe señalar, en primer lugar, que se trata de una edición bilingüe, lo que no me parece logro menguado, publicada por la editorial CreateSpace, de San Bernardino (California, USA) en 2014.

Cuando un poeta inició su andadura creativa hace casi cuarenta años, un poeta muy joven en aquel entonces, no resulta fácil hacer una selección de sus poemas. Imagino, pues, que habrá sido una labor ardua la acometida por Francisco Soler (Málaga, 1957), que de la poesía ha hecho su vida, y a la vida ha dado poesía.

Podemos, por ello, espigar los diferentes motivos que le han inspirado desde 1978 hasta 2014, pero si la poesía se compone de un significante y un significado, creo que en cuanto al significante hay un denominador común a todos estos poemas y es la construcción en versos breves, que permiten mucha mayor fluidez al poema, y la escasa adjetivación, muy acorde con el aforismo de Huidobro: “el adjetivo, cuando no da vida, mata”. Uno de los mayores escritores en lengua española, Juan Ramón Jiménez, evolucionó desde una estética impresionista, casi pictórica, a una poesía en la que la adjetivación prácticamente había desaparecido.

En cuanto a los temas que trata Muñoz Soler, observamos un primer momento de fuerte componente introspectivo, algo así como si el poeta se situara a sí mismo en el mundo fugaz, sintiera que ha nacido creativamente y quisiera dejar constancia de esa situación, de propia existencia, de su identidad. En este primer momento creativo, el lema parece ser vivir, viajar observar. Sentir en definitiva que uno está vivo y de ahí algunos momentos como este fragmento de “Soy consciente”:

Sentirme vivido
justificar ante mi consciencia
que está mereciendo la pena
este viajecito del nunca jamás
por la minúscula senda

Tampoco está exenta la poesía de Muñoz Soler de ciertas apelaciones a Dios, de quien se espera algo, por lo menos una palabra, muy en sintonía con la poesía existencial española de la década de los cuarenta, desgarrada por nuestra guerra civil y por la Segunda Guerra Mundial, cuando el silencio de Dios hacía daño. Dice así Muñoz Soler en “Esperamos”:

Rezo a Dios para que mi sentido común
sea un cubo de agua en el océano de la comprensión.

Pero en la primavera de 2003, recién estallada la Segunda Guerra de Irak, el poeta sólo puede expresar su espanto ante tan brutales acontecimientos y eso es lo que hace Muñoz Soler en “Mi hijo tan parecido a los iraquíes”, fechado el Jueves Santo de 2003, y de ese modo se inicia una etapa en su trayectoria creativa con marcado carácter de denuncia social, que no es un alegato de la poesía impura reivindicada por Pablo Neruda desde la revista Caballo verde para la poesía, de la década de los treinta, sino que mantiene la línea de cuidado formal y versos breves para pintar el cuadro de nuestro mundo contemporáneo. Así, son denostadas situaciones como la homofobia, la penuria en el centro de La Habana, o las fronteras impenetrables, fronteras de hormigón, fronteras en las almas. Dentro de esta línea de poesía social, quiero quedarme con el poema “Crack”, pues hay en él algo que recuerda poderosamente las penosas condiciones de vida de los negros en Harlem, denunciadas por Federico García Lorca en Poeta en Nueva York. Basten tan sólo unos versos del poema de Muñoz Soler, que se inicia así: “Espectral danza de inclementes cuellos blancos”; y en parte central descubrimos lo siguiente:

Bajo la malla de calcio donde danzan
los bebedores de inocentes lágrimas
brotan tubérculos de brazos de sombras,
sepias de envolventes tentáculos
y tinta cegadora de niños pobres.

Envuelto todo ello en un marcado tono surrealista, que es también el que preside el libro de Lorca, arriba mencionado.

Momentos hay en el libro de Muñoz Soler para la sensualidad en la evocación de la mujer tropical, como en “La esplendorosa señora del trópico”, o en “Alamar”, que se inicia con estos versos:

En el extremo este de la gran señora del trópico
rodeado de deslumbrantes tesoros naturales
se halla un laberíntico e inhóspito crisol,
entre roquedales, espumas y brisas de aromas
y un perfumado e intenso verde enamorado

Pero ya en “Agua de mar” se habla del “Agua amarga que daña/ mi vida y mi alma” y en los poemas finales que componen Poemas selectos se aprecian claramente momentos de tristeza, nostalgia, hiedra amarga, temores despedida, el deseo de regresar a Málaga en “Regresar al origen”, casi al final del libro y algunos versos particularmente intensos, como “la guadaña y la distancia”, en “La vida me ha saturado”. Proximidad del vacío y anhelo de eternidad en “Destruirme y conmigo al ángel negro”:

Destruirme para volver a nacer
a andar por este espacio de vida
sinónimo de olvido, que el vacío
no sea daga inmisericorde
y mis labios detenido el tiempo
puedan restaurar mi sentido
hasta la puerta de lo eterno.

El implacable paso del tiempo en “Con la mirada fija en los números del año”, que me permito reproducir entero:

como cuerpo extraño me golpean
dos mil trece, dos mil trece golpes en mis ojos
ayer era mil novecientos setenta y ocho
y me imagino el año que seré mayor
lo cercano que será mañana, lo cercano.

Poemas selectos, de Francisco Muñoz Soler, se trata, en definitiva, de un intenso recorrido por la evolución creativa y personal de su autor, construido sobre unos poemas, cuya elocuencia facilita la reflexión estética y vital que requieren.

 Francisco Javier Rodríguez Barranco

2 comentarios:

  1. Me ha llamado mucho la atención que se trate de una edición bilingüe. No conocía nada de él. Gracias. :)

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  2. Es un libro magnífico. Te recomiendo que le hagas una solicitud de amistad facebook para estar al tanto de los eventos que organiza

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